Hay cosas en la vida que
nadie puede hacer por ti.

Da igual cuánto dinero tengas.
Da igual lo bien que te vaya.

Si no te haces cargo tú, nadie lo hará.

Son pocas.

Pero tan vitales como indelegables.

De ellas, la  cuarta conecta con todas las anteriores, aunque casi nadie la trate así.



Tu cuerpo es la primera.

Naces en él. Te acompañará hasta tu último aliento.

Estar sano es cosa tuya.

No puedes decirle al entrenador personal que haga flexiones por ti. O que no pida postre.



Cuidar la relación con tu pareja también es cosa tuya.

No puedes decirle al entrenador personal que le haga un delicioso por ti. Y si se lo hace, mala cosa.

Tu deber es proveer. En lo material y en lo de estar presente.  Si fallas ahí, acabará con el entrenador.




El tercer asunto indelegable es ser un buen ejemplo para tus hijos.

Y ojo aquí, porque no puedes no ser un ejemplo.

Incluso si un día te fuiste a por tabaco y nunca más se supo, eres un ejemplo.

Porque los humanos hacemos lo que vemos, no lo que nos dicen.

Y, justo por eso, es tan importante encarnar el ejemplo de quién quieres ser para ellos.





Lo que me lleva al cuarto asunto indelegable:Tu libertad.

Que te lo puedes montar como quieras… (faltaría más; estamos hablando de libertad)

Ahora bien. La forma que he visto que conecta muy bien con el resto… Es construir un negocio que trabaje para mí y no al revés.

Algo que encaja con mi vida.
Provee.
Y protege mi tiempo y a los míos.




Todo lo demás —ingresos, reconocimiento, éxito— es consecuencia directa de cómo resuelvas esos cuatro asuntos.

Hay cirujanos a los que esto no les dice nada.

Yo escribo para los otros.





Javier Vicente Tu libertad es indelegable.

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