Es hora de hacer que tu nombre llegue
más allá de donde ya te conocen.
Tus colegas saben quién eres. Te derivan lo que no se atreven a operar. Tus pacientes te recomiendan. Es tu pequeño círculo, y dentro de él eres el mejor. Pero cuando alguien busca a las dos de la mañana quién le va a quitar el dolor, no existes.
Ha llegado el momento de convertir tu nombre y apellidos en un imán de diez teslas para atraer al paciente dispuesto a pagar para que le atienda el mejor en su especialidad.
Los pacientes ya te están buscando.
Y no te encuentran.
No puede dormir. Lleva meses así. Abre el móvil y le escribe a la IA lo que no se atreve a decirle a su mujer: «¿me tengo que operar de la columna? ¿quién es bueno cerca de mí?»
La IA le contesta. Le da nombres. Le resume el criterio de un colega que tiene la web bien hecha. Le dice con qué técnica trabaja y por qué. Le da hasta un enlace para pedir cita.
Tú no apareces. Ni en esa conversación, ni en la de mañana, ni en la de la semana que viene.
Acabas de perder al paciente. Y no vas a enterarte. No te llamarán para decir «de saber que existías me hubiera operado contigo».
Es hora de hacer visible tu prestigio
Hoy tu prestigio vive donde el paciente no puede entrar: en el congreso, en la sesión clínica, en el pasillo donde un colega le dice a otro «esto se lo mandas a él». El paciente no está ahí. Está en su cama, con el móvil, eligiendo entre los que sí salen.
Lo que tienes que contar ya existe: tu criterio clínico. Las patologías que resuelves mejor que nadie en doscientos kilómetros, los casos que te derivan, lo que has publicado, lo que opinan tus actuales pacientes.
Sacarlo a la luz tiene una consecuencia inevitable: el paciente que busca al mejor sabe por fin dónde encontrarlo.
Y detrás vienen el resto. El periodista que necesita una voz autorizada y da con la tuya. El colega de otra provincia que te llama para un caso. El paciente dispuesto a venir desde la otra parte del país porque solo le vales tú.
Siéntete orgulloso de tu web. Siéntete orgulloso de tu nombre. Haz que tus pacientes lo vean.
La gracia está en saber
lo que quieren los buenos pacientes.
El dinero adora la velocidad.
La riqueza adora el tiempo.
La pobreza adora la indecisión.
Quien tiene dinero paga para arreglar su problema hoy.
Quien tiene riqueza quiere gozar de tiempo para disfrutarla.
Quien tiene pobreza quiere una excusa para seguir como está.
«Quiero operarme ya.»
«Quiero volver a estar bien cuanto antes.»
«Quiero pensármelo. O mejor por la pública. O a ver si con el seguro me lo hace otro. O a ver si esperando se arregla solo.»
Tu web habla a los tres. Y según lo que diga, llenará tu agenda de buenos pacientes. O de pacientes indecisos que rara vez se operarán por privado.
Hicieron visible su criterio.
Hicieron posible que los eligieran.
El Cirujano Antiprótesis
Félix López llevaba años evitando prótesis que otros ponían sin pestañear. Lo sabían sus pacientes, sus residentes y media planta. Nadie más. Hoy es el traumatólogo al que acudes cuando te han dicho que necesitas una prótesis y no la quieres. Un nombre, una bandera, una posición que en Madrid nadie más ocupa. antiprotesis.com
«El traumatólogo que no te quiere operar»
Luis Gallego tenía un criterio que sus colegas conocían bien: operar es la última opción, no la primera. Le pusimos nombre y dirección. Le trajo al paciente que haría cualquier cosa por evitar el quirófano, y con ese flujo abrió su propia clínica. Llena desde el día uno. regeneractiva.com
«Antes de ser cirujana de pie y tobillo, fui paciente de juanetes.»
La Dra. Gordillo tenía la historia y el criterio: «si fuera mi pie, ¿cómo querría que me trataran?». Lo contaba en consulta, una a una. Ahora lo lee el paciente adecuado antes de pedir cita, y la elige a ella. gordillopieytobillo.com
Tres traumatólogos que ya eran lo que son. Lo único que cambió es quién lo sabe.
Tú me dices a dónde quieres llegar.
Yo te digo cómo.
No me cuentes qué web quieres. Cuéntame qué quieres que pase.
Que te pidan por tu nombre para una patología concreta. Que dejen de llamarte «el que opera con el seguro X». Que el que llega a tu consulta venga ya convencido y con el precio asumido. Que cuando alguien pregunte quién es bueno en lo tuyo, en tu provincia o a la IA, salgas tú.
Dime eso y decidir cómo se consigue es, en parte, por lo que me contratas. Lo demás, lo técnico, es mi problema. Igual que a ti nadie te felicita por esterilizar el instrumental.
Y para que no haya sorpresas: no me limito a ejecutar. Si una idea tuya no funciona para el paciente que buscas, te lo diré. Si prefieres a alguien que diga que sí a todo, hay agencias que lo hacen muy bien y más barato.
No te lo cuento yo.
Te lo cuentan ellos.
Dra. Mireia Esplugas · Presidenta de la Asociación Europea de Artroscopia de Muñeca · Barcelona
Dr. Samer Amaz · Miembro superior
Mientras montábamos su web, ordenamos lo que pasaba en su consulta. Antes de darle a publicar ya cerraba:
Con los honorarios duplicados. La web se pagó sola antes de existir.
Dr. Samer Amaz · sobre la objeción del precio: «Si quieres que te lo den hecho y al final pagas menos de lo que te retorna, yo lo tengo claro.» · sameramaz.com
Un traumatólogo de columna
Prefiere no dar su nombre. Mismo tipo de cirugía, ni un paciente más. Solo cambió cómo se presentaba y cómo presentaba lo que ya hacía:
No fue trabajar más. Fue dejar de regalar lo que ya sabía hacer.
Dr. Carlos Thams · Traumatólogo de mano · Canarias — solo ve paciente quirúrgico privado. La envidia de sus compañeros.
Dr. Luis Gallego · «El traumatólogo que no te quiere operar» — abrió su clínica y la llenó desde el primer día.
Seis semanas.
Y tu nombre empieza a llegar donde no llegaba.
Seis semanas desde la reunión de arranque. Una sesión de dos horas en la que me cuentas a dónde quieres llegar y en qué patologías quieres que te pidan por tu nombre. Lo demás lo hago yo, hasta la última palabra, con tu voz. Tú revisas el borrador y das el visto bueno. No te robo ni la consulta ni el quirófano.
La inversión
Ese es el punto de partida. A partir de ahí puedes invertir lo que quieras, siempre tendré una idea más que darte.
Lo digo alto y claro por respeto a tu tiempo (y el mío). Si es más de lo que puedes invertir, no hace falta que me escribas para decirme que es caro. Y si aun así quieres hablar, hazlo. Te diré cómo seguir sin mí.
Esta no es la opción más adecuada
para todo el mundo.
No trabajo para hospitales. No trabajo con grandes clínicas tipo franquicia. Trabajo en exclusiva con el cirujano traumatólogo que tiene consulta propia y quiere que su nombre y apellidos sea su principal fuente de prestigio y de pacientes privados. Si te valen los pacientes de seguros, o los que te pone un hospital grande, hay opciones mejores que yo.
Tuyo es y mío no.
Como debe ser.
Sin secuestrar lo que es tuyo ni dejarte tirado.
El dominio y el alojamiento corren de mi cuenta el primer año y después quedan a tu nombre, nunca al mío. El mantenimiento, tus reseñas volcadas a la web, los cambios que necesites por WhatsApp: el primer año está incluido, y sigue después si quieres no estar pendiente de nada que no sea tu quirófano.
El activo es tuyo. Puedes gestionarlo tú, dárselo a quien quieras o seguir conmigo. Y si quieres más imán, vamos añadiendo teslas: pacientes internacionales, otra patología concreta en la que también quieres que te pidan por tu nombre, o el paciente que ya viene buscando un procedimiento determinado.
Porque cuando llegas a ser el referente, tu trabajo más importante es impedir que te destronen por descuido.
Mientras trabaje contigo,
tu competencia no puede tenerme.
Mientras llevo tu proyecto no acepto a ningún otro de lo tuyo en tu territorio. Por mucho que quieran. Tendrán que copiarte a ciegas, sin saber qué haces para que cada mes la distancia sea mayor.
¿No te fías de los testimonios grabados?
Haces bien.
Por eso en nuestra llamada te paso el teléfono de cualquiera de ellos.
Los llamas sin mí delante y les preguntas qué tal les va conmigo. Sin guion y sin filtro. No tengo nada que ocultar. Ellos tampoco.
«Pues me sigue pareciendo caro.»
Entonces estás en lo cierto, y es mejor que no me escribas para contármelo.
El universo es abundante y estoy seguro de que encontrarás algo que se adapte a tu presupuesto.
Es hora de que tu nombre llegue
más allá de donde ya te conocen.
El primer paso es una conversación. Vemos si tu zona y tu especialidad siguen libres y si hay encaje. Si no lo hay, te lo digo sin rodeos.
P.D. — Si has leído hasta aquí, ya lo sabes: no te falta prestigio. Te falta que lo vean. Y eso no se arregla con un congreso más. Se arregla con un faro. Si algún día decides encenderlo, ya sabes dónde encontrarme.